Esteban Campuzano Moreno

Sobre mi:

Esteban Campuzano profesor emérito de la Universidad de Murcia, ha impartido clases de pintura y dibujo durante más de 30 años. Doctor en Bellas Artes, ha compatibilizado la enseñanza del arte con la creación artística. Ha expuesto su obra en numerosas ocasiones, en España, Francia, Alemania y EE.UU. siendo galardonado por su obra en numerosas ocasiones. Académico de Número de la Real Academia de Bellas Artes Santa María de la Arrixaca de Murcia. Después de un periodo como autodidacta en el que se deja influir por numerosos maestros de la pintura, ingresa en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando (hoy Facultad de Bellas Artes) de Madrid donde la disciplina y el rigor le marcan nuevos caminos para la proyección de sus ideas artísticas. Su profesor Antonio López le hace ver el misterio de los objetos y de las formas. Juan Barjola le muestra el mundo de la emoción y de los sentimientos. Campuzano no parte de una realidad tangible, se inicia con el sentimiento que avanza con la proyección de las formas inarticuladas que surgen desde el inconsciente. Bonet opina que: “En el arte debe por lo menos haber una fuerte carga emotiva, no ser lógica, racional y fría, que debe tender hacia un arte puramente emocional que nada tiene que ver con el orden y la razón, sino con el sentimiento y que además debe moverse dentro de los ámbitos de la tradición”. Joan Sureda dice de la obra de Campuzano: … “El espíritu creativo no se aprende; es una actitud ante la vida. Significa una capacidad para ver los vacíos de la realidad, para captar lo extenso de la misma, para, consecuentemente, hallar cosas nuevas que llenen esos vacíos, para redefinir esa realidad, aunque sea en lo infinitésimo. La creación no se aprende; se educa, se ejercita, se desarrolla; no todo el mundo es capaz de crear, de aportar algo al entorno, sea al mediato o al inmediato… Y lo que ya es más difícil es encontrar un pintor creador… La pintura que está delante de nuestros ojos es una pintura añeja, es una pintura con crianza, que se ha acuñado en la bodega del buen hacer artístico. En ella, la improvisación no existe; hay frescura creativa, pero una frescura que para no ser efímera precisa anclarse en el conocimiento del buen pintar. … El grito de la presencia es lo que encontramos en la obra de Campuzano; contemplarla nos ahorra palabras; no es preciso hablar de su pintura, porque sólo es necesario hablar de aquello que está ausente. Lo mejor que se puede hacer es sumergirse también en el silencio, para ponerse delante de una obra que tiene de clasicidad lo mismo que de contemporaneidad. Y de contemporaneidad lo posee todo”. Dice el artista que, la incertidumbre y la inseguridad del proceso creativo te llevan a un estado de soledad casi absoluto, donde buscas soluciones desconocidas, sin saber si darás, o no, con ellas. Cuando surgen, lo hacen de manera imprevisible, incontrolable, aparecen espontáneamente, o no surgen; y buscas y buscas perdiendo la noción del tiempo y del espacio. Y en esta ausencia, la creación te duele, te alegra, te traiciona, te enmudece, te satisface… Te hace vivir las emociones y sentimientos con gran intensidad. Te sientes vivo. Las propuestas artísticas no se pueden plantear apriorísticamente aunque se tenga una línea de creación más o menos consolidada. Se procura no escatimar en flexibilidad con el fin de que los planteamientos se produzcan con autenticidad, con sinceridad. Me gusta entrar y salir del inconsciente, varias veces, durante el proceso de trabajo; Cuando estás dentro es como si te movieras en un gran espacio de información y recursos casi infinito, de donde tomas los elementos plásticos, estéticos, formales… que se acomoden a los propósitos del momento. Juegas con las formas y el color, con las relaciones inarticuladas hasta que empiezan a definirse los planteamientos. Para poder controlar toda esta actividad, es necesario salir de ese estado para mirar y comprobar la marcha del trabajo, verlo con ojos de espectador, asegurándose de que se reconduzca hacia los resultados válidos, para volver de nuevo a entrar y proseguir el trabajo. La elección de los elementos e imágenes no siempre es fácil, la indecisión y la inseguridad vuelven de nuevo como rumores insistentes que no te dejan ver con claridad la eficacia de una elección acertada en función de unos resultados expresivos. La línea de creación o investigación en la que me muevo es aquella que tiene una continuidad en la tradición española “veta brava”, y no es ésta una elección casual por azar, o una decisión ocasional caprichosa, es un sentir que forma parte del inconsciente colectivo, inevitable e ineludible. Es, por otra parte, un tipo de obra mal aceptada históricamente, tal vez, por lo que de revulsivo contiene. De todas maneras el artista debe ser fiel a sus sentimientos y a la línea de trabajo con la que se identifica. Es la única forma de aproximarse a una producción de interés. Lo demás será perder el tiempo. Busco entre los límites de la figuración y la abstracción, sin llegar a transgredir la primera, puesto que la figura humana es esencial para mi forma de expresión; es evidente que lo que más le interesa al hombre es el ser humano y el devenir de éste, sus pasiones, emociones, preguntas trascendentes sin respuesta… Me parece, al menos en estos momentos, que la forma expresiva más eficaz para la obtención de resultados es la realizada con gesto suelto cargado de materia y vehemente con la que pongo las formas en escena. Huyo de fórmulas estereotipadas que puedan falsear la apariencia, procurando identificación con los planteamientos, porque estoy convencido de que la fuerza del expresionismo está en la identificación.

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